Ese mismo día, la noticia corrió más rápido de lo que Diógenes esperaba.
En la mansión, el padre de Ámbar regresaba temprano de un almuerzo de negocios con su Viviana—la madrastra de Ámbar— cuando el mayordomo le informó con voz baja:
—Bienvenidos señor… el joven Diógenes ya no se encuentra aquí. Anoche sucedieron algunas cosas. Esta mañana Paso por algunas de sus pertenencias y dio instrucciones de que el resto fueron enviados a otra dirección.
El hombre frunció el ceño, sorprendido.
— ¿Cómo q