—Todo estará bien.
—Eso espero.
En el primer piso casi frente al edificio de Ámbar, Matteo los observaba desde lejos, oculto entre los reflejos del ventanal del café al lado de la torre empresarial. No era la primera vez que lo hacía, ni sería la última. Cada día, al salir del trabajo, encontraba la excusa perfecta para pasar por ahí, terminar una llamada, mirar el tráfico… y quedarse mirando a Ámbar y donde vivía. Hasta pensé en comprar un apartamento a su lado.
Era como una tortura voluntaria