—¡Agh! Maldita resaca.
Diógenes se levantó con la cabeza pesada, el cuerpo adolorido por la pelea y la resaca. Se duchó rápido, se vistió con la ropa arrugada del día anterior, pero se detuvo en una tienda para comprarse un traje nuevo. No quería verse desaliñado cuando viera a Ámbar en la empresa. De la tienda de trajes, salió directo hacia la empresa. No podía darme cuenta del lujo de mostrarse débil, no frente a Matteo.
El taxi lo esperaba ya en la entrada, discreto, como siempre. Durante to