—Necesito que me consigas un apartamento en el centro, algo discreto, pero cómodo.
—¿Para mudarte? —preguntó Valeria, sorprendida.
-Si. No quiero seguir aquí.
Valeria, que conocía el tono definitivo de su jefa, no hizo más preguntas. Puso manos a la obra.
Dos días después, Ámbar ya tenía las llaves de un penthouse pequeño, con ventanales amplios y una vista despejada frente a la empresa. Sería la excusa perfecta. Estar cerca del trabajo.
El día de la mudanza, Diógenes apareció en su puerta sin