La cafetera del pequeño apartamento amueblado que Diógenes había conseguido a última hora, hacia un sonido muy peculiar cuando el café estaba listo, mientras Diógenes revisa unos papeles arrugados sobre la mesa.
Tiene el cabello aún húmedo de la ducha helada y ojos cansados, pero con el cerebro más vivos que en semanas. En su celular llega la notificación bancaria de los millones que le corresponde del negocio en sociedad que hizo con Ámbar. A su correo llega rosa la información y las patentes