Matteo se revisa el saco con movimientos rápidos, como si tuviera prisa. Sin dejar de mirar en dirección al baño.
Saca una cajita pequeña, discreta, casi del tamaño de una caja de chicles. La abre, toma una cápsula blanca y sin pensarlo dos veces la quiebra sobre el vaso de jugo que el mesero acaba de dejar. Con un movimiento calculado, revuelve el líquido con la pajilla.
Ámbar siente un frío recorrerle todo el cuerpo. Las piernas se le aflojan.
—Dios… lo está haciendo. Lo está haciendo de verd