Mientras tanto, en el hotel del centro, Diógenes estaba rodeado de papeles, esquemas y su par de viejos amigos de la universidad.
—Mira, hermano, lo que tú quieres hacer no es imposible —decía uno, moviendo un bolígrafo—, pero necesitas gente seria, comprometida. No es lo mismo que armar proyectos de clase.
—Lo sé —respondió Diógenes, con el ceño fruncido—. Pero si no arrancanco ahora, Matteo se me va a adelantar en todo.
El otro amigo se rio.
—Ese tipo siempre quiso joderte después de que le x