Hacía dos días que Diógenes no veía a Ámbar.
Al principio pensé que estaba en alguna reunión de negocios, tal vez en su oficina privada o supervisando alguna nueva inversión en la ciudad, pero al tercer día, la inquietud comenzó a consumirlo.
Recorrió la mansión buscándola, revisó la piscina, el gimnasio privado, incluso la biblioteca y su estudio. Nada. Incluso irrumpió a su habitación aunque se enojara si entraba de nuevo sin su permiso y nada. La cama estaba bien tendida y todo en orden.
Baj