El coche llevaba dos horas en la carretera cuando el paisaje empezó a cambiar. Las colinas dieron paso a una zona más urbanizada, con pequeñas fábricas y almacenes a los lados de la carretera. Andrés redujo la velocidad y giró en una salida que no estaba señalizada.
—¿Dónde estamos? —pregunté, mirando por la ventana.
—En las afueras de la ciudad —respondió—. Martina vive en un edificio antiguo, cerca de la zona industrial. Es discreto y nadie nos buscaría aquí.
—¿Martina sabe que venimos?
—No.