No dormí esa noche, cada vez que cerraba los ojos, veía el cheque, el que podría haber sido mío, podría haber salvado todo.También veía la cara de Andrés Córdova, su mirada fría, tono seguro y la pregunta que me había hecho sentir desnuda.¿Quién eres realmente?No supe responderla entonces.Tampoco supe responderla cuando el sol salió, a las ocho de la mañana, mi teléfono vibró. No era el propietario, era un número desconocido.Lo ignoré, vibró otra vez, lo ignoré otra vez, a la tercera, respondí.—¿Sí?—Paula, soy Andrés.Su voz sonaba diferente, menos dura.—¿Cómo conseguiste mi número?—Investigué, ¿recuerdas?—Claro, por supuesto que investigaste.—No te llamo para molestarte, solo para confirmar que sabes dónde es el café.—Lo sé.—Bien, estaré allí a las doce en punto.—No he dicho que vaya a ir.—No, pero sé que irás.—¿Por qué?—Porque eres una persona que no se rinde, y si no aceptas este trato, tu estudio cerrará, y una persona que no se rinde no deja que eso pase.—Eso es
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