La noche había sido larga. El regreso a la mansión después de la desaparición de Javier nos había dejado agotados, pero no derrotados. Leonardo había reforzado la seguridad con cámaras adicionales y un sistema de alerta que cubría cada entrada. Sin embargo, el silencio de la casa seguía pesando, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo la respiración.
A la mañana siguiente, Leonardo nos convocó a su despacho. Su rostro estaba más serio que nunca, pero en sus ojos había una chispa que n