La mañana llegó con un cielo nublado y la promesa de una tormenta lejana. No era un mal augurio, era simplemente el clima, pero todo en esos días se sentía como una advertencia.
Andrés estaba de pie junto a la ventana del estudio, con el teléfono en la mano y la mirada perdida en el horizonte.
—Leonardo acaba de llamar —dijo, sin girarse—. El espía ha sido identificado parcialmente.
—¿Parcialmente? —pregunté, incorporándome en el sofá donde había pasado la noche.
—Sí. Tienen un nombre, pero no