La mañana llegó con una luz tenue que se filtraba por las cortinas del estudio. Había pasado la noche revisando las fotografías para la exposición, pero mi mente no dejaba de dar vueltas a lo que Álvaro me había dicho la noche anterior. Alguien dentro de la familia había traicionado a Daniela. Alguien que aún no había sido nombrado.
Andrés entró con dos tazas de café. Una la dejó sobre la mesa, frente a mí. La otra la sostuvo entre las manos, sin beberla.
—¿Dormiste algo? —preguntó.
—No mucho.