La noche en el apartamento de Martina fue más larga de lo que recordaba cualquier noche anterior. No dormí. Me quedé en el sofá, con los ojos abiertos, mirando el techo, escuchando el silencio de la ciudad.
Andrés tampoco durmió. Lo vi a través de la puerta entreabierta, sentado en el borde de la cama que Martina le había ofrecido, con las manos cruzadas y la mirada fija en la pared. No hablamos. No hacía falta.
Cuando el cielo empezó a clarear, me levanté. Martina ya estaba en la cocina, prepa