El sol del mediodía se colaba por las cristaleras de la boutique más exclusiva de la ciudad. Cecilia, entusiasmada, caminaba por los pasillos de mármol pulido, observando los vestidos de diseñador, mientras Hellen la seguía con paso más lento, con la mano sobre su vientre.
—Debes consentirte —insistió Cecilia—. A veces te comportas como una mártir. Vamos, Hellen, si no lo haces por ti, hazlo por mi futuro sobrino.
Hellen soltó una risita leve, la primera en días. Se sentía más tranquila, y aunq