Nicolás regresó a la mansión con un ramo de flores frescas entre las manos. Subió las escaleras sin hacer ruido, guiado por el suave murmullo del viento que entraba por los ventanales abiertos. Al llegar al balcón, la vio. Estaba sentada, leyendo un libro, vestida con un ajustado vestido que delineaba cada curva como si hubiera sido diseñado para ella.
Se detuvo un segundo solo para contemplarla. Esa mujer... era su paz y su tormenta.
—Para ti —murmuró, extendiéndole el ramo.
Hellen alzó la mir