Cecilia no podía dejar de mirar su mano. La luz que entraba por las enormes ventanas de la casa hacía brillar su anillo de compromiso de manera mágica, como si todo a su alrededor celebrara su amor. Daba vueltas por la estancia mostrando la joya, sonriendo de oreja a oreja, y cada vez que alguien le preguntaba cómo fue la propuesta, volvía a contar la historia como si fuera la primera vez.
—Y entonces, ¡se arrodilló frente a todos! —dijo emocionada, sus ojos brillando de alegría—. Con ese ramo