Marcel se puso de pie, incrédulo, con el rostro descompuesto por la rabia y el miedo. En la pantalla de su computadora, los documentos que detallaban sus transacciones ilícitas, sobornos y acuerdos ilegales estaban siendo filtrados. Todo quedaba al descubierto. Su mundo, construido sobre mentiras y corrupción, comenzaba a desmoronarse.
—¡Maldito Nicolás! ¡Imbécil! —gritó con furia, lanzando la taza de café contra la pared.
No tenía otro enemigo tan letal como ese hombre. Nicolás no solo era astu