—El hombre —el sicario vestido de negro lo interrumpió, un poco molesto, cortando el tono condescendiente del anciano con voz dura—. El problema fue el hombre con el que estaba.
Se inclinó sobre la mesa, bajando la voz, pero aumentando la intensidad. —Sacó de su bolsillo un arma —dijo, haciendo una pausa dramática—. Y nos disparó. —Enfatizó la última palabra con dureza, golpeando ligeramente la mesa con el dedo índice. —No era un civil asustado. Ese tipo sabía tirar. Nos devolvió el fuego con p