La sala de reuniones no estaba pensada para la exposición. Era amplia, sobria, con ventanales altos y una mesa de madera clara que reflejaba la luz de la mañana. Damián había insistido en ese lugar por una razón simple: no imponía poder, invitaba a escuchar. Adeline llegó apoyándose en el respaldo de una silla, sin prisa, sin esconder el esfuerzo. No era una estrategia estética. Era coherencia.
Los primeros en llegar fueron los representantes de las organizaciones. Saludaron con cautela, mid