La tarde se había escurrido entre las sábanas mientras yo permanecía sumida en un sueño profundo y sin sueños, una desconexión necesaria que mi cuerpo exigía a gritos.
Me desperté sintiéndome abrumada, con una pesadez en los huesos que iba más allá del cansancio físico. Me sentía deprimida, agotada emocionalmente. Mi mente, incluso dormida, parecía no haber dejado de procesar las imágenes de la playa: el sonido seco de los disparos, la arena salpicando, la sensación de la muerte rozándome la nu