Estaba confundida, con la cabeza palpitando al ritmo de mi corazón desbocado, pero en el fondo sabía perfectamente a lo que se refería. La pregunta resonaba en el aire viciado de la habitación: ¿Estás dispuesta a vivir así?
La realidad me golpeó con una fuerza brutal: realmente no sabía quién era Damián Rocha.
Al principio, cuando todo esto empezó, Damián solo era mi jefe. La figura imponente y distante detrás del escritorio de caoba en la planta ejecutiva. Fue quien me extendió la mano cuando