Adeline no publicó el texto de inmediato. Lo dejó abierto durante horas, permitiendo que cada frase respirara. No corregía para suavizar, sino para precisar. No buscaba impacto emocional; buscaba inevitabilidad.
Damián la observaba desde el sillón, en silencio. Había aprendido a reconocer ese estado en ella: cuando ya no dudaba, pero aún medía el alcance de cada paso.
—Cuando esto salga —dijo al fin—, ya no podrán decir que no sabían.
Adeline asintió sin levantar la vista.
—Ese es el punto.
San