Me desperté de golpe, con el corazón martilleando contra mis costillas. Por un segundo, el pánico me nubló la vista, pensando que Jasper me estaba acechando o que estaba sola en esa fría habitación de hospital. Pero al girar la cabeza, lo vi. Damián estaba allí, sentado en un sofá junto a la ventana, recostado y profundamente dormido. El alivio me recorrió el cuerpo; se veía agotado, probablemente por haber pasado horas en vela vigilando mis sueños y cuidando que Jasper no regresara.
Hice un es