El estruendo de la puerta principal al abrirse me hizo saltar del sofá. Jasper entró como un torbellino de furia ciega; su rostro estaba desencajado, rojo de ira, y sus ojos tenían un brillo que nunca antes le había visto. No me dio tiempo ni de preguntar cómo le había ido en su "reunión".
Antes de que pudiera reaccionar, sentí el impacto de su mano contra mi mejilla. El golpe fue tan seco y brutal que caí al suelo, aturdida, con el sabor metálico de la sangre llenándome la boca de inmediato.
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