Me quedé petrificada detrás de la pared, sintiendo cómo el frío de la piedra se filtraba en mis huesos. Jasper se acercaba más y más; tuve que contener la respiración hasta que mis pulmones ardieron, temiendo que el más mínimo sonido me delatara.
—Sí, sí, lo sé, lo sé... pero tengo todo bajo control —decía él con una suficiencia que me revolvió el estómago—. Ese idiota de Rocha terminará alejándose como hace siempre. El imbécil siempre la deja ir porque Adeline es una mujer que no sabe ni lo qu