—Bueno, es simple —respondí, sosteniéndole la mirada con toda la firmeza que pude reunir—. Desperté y la primera persona que vi fuiste tú. Después, me soltaste que en una semana me casaría contigo y me trajiste a este lado del mundo sin previo aviso. No tengo ni idea de dónde estamos, así que, ¿cómo sé que no te aprovecharás de mi estado?
La sonrisa burlona que Damián había dibujado se desvaneció de golpe, reemplazada por una expresión más neutra, casi solemne.
—Bueno, ya que lo pones así, no t