Me senté a la mesa y, sin perder un segundo, me abalancé sobre lo primero que llamó mi atención: el tazón de sopa ramen. El primer bocado fue una explosión de sabor; el caldo estaba en su punto exacto, reconfortante y profundo. No recordaba que esta fuera mi comida favorita, pero mi cuerpo parecía reconocerlo, respondiendo con una satisfacción que me hizo olvidar por un momento dónde estaba.
—Oye, come despacio —dijo Damián. Su tono llevaba una leve nota de preocupación, pero sus ojos bailaban