A varios kilómetros de la mansión, en un estudio sumergido en una penumbra elegante, Jasper permanecía atento a la otra línea. Estaba recostado en su silla de cuero, con una sonrisa de oreja a oreja que iluminaba su rostro de forma siniestra mientras observaba una serie de monitores que transmitían en tiempo real lo que su hombre en el terreno captaba.
—Señor, espero sus órdenes —la voz del infiltrado sonó a través de los altavoces, nítida y fría.
Jasper no respondió de inmediato. Sus ojos esta