Tomé asiento en el sofá justo frente a él, intentando relajar mis músculos, pero tenerlo allí, compartiendo el mismo espacio privado, me resultaba profundamente incómodo. Me sentía pequeña bajo la sombra de la mansión y bajo su mirada.
—¿De verdad estás tan seguro de que nos casaremos? —murmuré para mis adentros. Ver tanta confianza en sus gestos empezaba a producirme una sensación de mareo, casi una náusea por la falta de control sobre mi propio destino.
Damián no respondió de inmediato. Se le