Me obligué a apartar la mano de la cicatriz en mi nuca, respirando entrecortadamente mientras el eco de la voz de mi padre se desvanecía en mi mente. No podía confrontar a Damián todavía. Si él descubría que el muro de mi amnesia tenía una grieta, si sabía que recordaba las luces blancas y las máquinas, las medidas de seguridad dejarían de ser "por mi bien" para convertirse en un castigo directo. Tenía que ser inteligente. Tenía que fingir.
Me alejé del tocador y caminé hacia la cama con pasos