Me levanté de la cama con el rostro hinchado y el alma exhausta tras el llanto. Caminé hacia el baño y me eché agua fría en la cara, intentando borrar el rastro de la debilidad. Al levantar la vista, mis ojos se clavaron de nuevo en el espejo, pero esta vez no buscaba mi reflejo, sino esa marca que la aguja y el líquido azul habían grabado en mi piel.
Incliné la cabeza hacia un lado, apartando el cabello con dedos temblorosos para observar mejor la cicatriz. No era una marca común; era una líne