El silencio en el jardín era absoluto, roto solo por la respiración agitada de Aurora y el susurro del viento entre las ramas del manzano. Adeline yacía en el barro, con el rostro marcado por la violencia, pero su mente se había retirado a un refugio donde el dolor físico no podía alcanzarla.
En ese abismo de inconsciencia, su subconsciente comenzó a tejer un tapiz de recuerdos que ardían como sal en una herida abierta.
Adeline se vio a sí misma caminando por los pasillos de su vida pasada. Pri