Adeline entornó los ojos, luchando contra el mareo. Al enfocar el rostro de Valentino, una imagen nítida saltó en su memoria: las fotografías que había visto escondidas entre las pertenencias de Damián. Era él. El mismo rostro aristocrático, la misma mirada de superioridad depredadora.
—Tú... —susurró Adeline, con la voz apenas audible—. ¿Quién eres realmente?
Valentino ensanchó su sonrisa, una expresión que no llegaba a sus ojos muertos.
—¿Quién soy? —repitió con tono divertido—. Digamos que s