Aurora permaneció unos segundos inmóvil bajo el manzano, observando con una mirada frívola y antipática el cuerpo inerte de Ethan. Él, que había sido su sombra, su protector y el hombre que la amaba incondicionalmente, no había sido más que un peón sacrificable en su tablero. Para ella, ese amor nunca fue suficiente; era una cadena que estorbaba sus verdaderas ambiciones.
Ethan cerró los ojos por última vez, su sangre enfriándose sobre el metal de la caja fuerte. Aurora, con una parsimonia que