Damián salió de la habitación de Adeline y caminó hacia la cocina con la bandeja. Dejó todo sobre la encimera, el tintineo del cristal contra el granito resonando en el silencio de la casa. Un segundo después, Santiago apareció tras él, como una sombra que siempre lo acechaba.
—¿Hablaste con ella? —preguntó Santiago, con la voz baja y cargada de una urgencia contenida.
Damián se giró apenas para reconocer su presencia y luego volvió a lo que estaba haciendo: lavar los vasos con movimientos mecá