Empacar no me tomó mucho tiempo; mis pertenencias en la finca eran tan escasas como mis recuerdos claros de los últimos meses. Sin embargo, mientras vaciaba el fondo del armario para asegurarme de no olvidar nada, mi mano rozó algo frío y liso. Una carpeta de cuero oscuro, oculta tras una pila de mantas que no había llegado a usar.
La curiosidad pudo más que mi prisa. Al abrirla, el corazón me dio un vuelco.
Eran fotos. Y documentos. Pero lo que me dejó sin aliento fue el protagonista de todas