Damián terminó de ayudar a Adeline con los últimos detalles de su equipaje. Se movía con una eficiencia silenciosa, cerrando maletas y asegurando cierres con una calma que a ella, ahora, le resultaba inquietante. Al terminar, se sentaron juntos en el sofá frente al televisor, dejando que el sonido de algún programa sin importancia llenara el vacío mientras esperaban que diera la hora de la partida.
De repente, el móvil de Damián vibró sobre la mesa de centro. Adeline no se movió, manteniendo la