Esa noche me costó dormir.
No por dolor, ni por incomodidad física. Era mi mente la que no encontraba reposo, repasando gestos, palabras, silencios. Cada recuerdo reciente parecía cargar un significado nuevo, como si el pasado hubiera cambiado de forma sin pedirme permiso.
Me levanté despacio y caminé hasta la ventana. Afuera, la villa dormía envuelta en una calma engañosa. El jardín apenas se distinguía en la oscuridad, pero sabía exactamente dónde estaba el río, dónde el árbol, dónde había es