Desperté con la sensación de haber soñado algo importante y no recordarlo del todo. El cuerpo me pesaba, pero no era solo cansancio físico. Era esa clase de agotamiento que nace cuando la mente ha estado despierta durante demasiado tiempo.
La habitación estaba en silencio. La luz de la mañana entraba suave, sin imponerse. Me incorporé despacio, obedeciendo a mi cuerpo, y por primera vez noté que no sentía dolor inmediato. Solo una molestia leve, soportable.
Eso me dio una extraña confianza.
Me