Todos los empleados los habían abandonado. Solo quedó con ellos su nana Rosa, quien, al ver lo que sucedía, se escabulló en la habitación de la señora y los chicos. Rápidamente buscó sus identificaciones, pasaportes y algunas fotos familiares. Las escondió bajo su ropa y tomó algunos dólares que tenía guardados. Con disimulo, salió de la casa para alcanzarlos.
—¡Esperen! ¡Señora! —gritó detrás de ellos.
—¿Nana, también te echaron de la casa? —vociferó Dafne, llena de enojo. Odió ver todo lo que