Mientras caminaba por el bosque, Dafne llegó a la humilde cabaña de madera donde vivía. Se detuvo en seco al escuchar la voz preocupada de su hermano, quien estaba de pie en la puerta con las cejas fruncidas y una clara expresión de preocupación en su rostro.
—¡Dafne! ¿Dónde has estado? Mira la hora que es. Me tenías preocupado —exclamó, avanzando hacia ella.
Ella le sonrió con ternura y le revolvió el cabello.
—Tranquilo hermanito, tengo algo que contarles.
Ella entró en la única habitación de