Arkan sostuvo a Kael con firmeza, pasándole su brazo por los hombros para ayudarlo a caminar. Avanzaban lentamente hacia la casa, mientras el Alfa apenas podía sostenerse en pie. No era solo el dolor físico lo que lo debilitaba… era el peso en su pecho, el vacío profundo que dejaba la ausencia de Lyra. Su corazón, simplemente, se negaba a seguir sin ella.
—Gracias, amigo… —murmuró Kael con la voz rasposa—. No debiste enfrentarte a esos malditos por mí.
Se dejó caer sobre el sillón con un suspir