Era la quinta vez que Kael tocaba la pantalla de su teléfono, configurado con accesibilidad para personas ciegas. La voz mecánica le anunció la hora, ya habían pasado más de treinta y cinco minutos desde que Lyra solía regresar a casa. Su aroma aún no aparecía.
Sexta vez. Cuarenta minutos, se levantó de la cama de un salto.
Normalmente, cuando ella llegaba del trabajo, lo encontraba dormido, más bien, él fingía estarlo para evitar preguntas. En realidad, solo podía dormir cuando sentía su aroma