DOLOROSO ADIOS.
—Hazme tuya, Kael… recuérdame que me amas. Hazlo ahora.
Las palabras salieron de los labios de Lyra como una súplica. Su loba, agotada, reunió las últimas fuerzas y se conectó con el lobo de Kael. Él lo sintió al instante. Sabía que algo no estaba bien, pero el deseo lo consumía al percibir el aroma excitante de Lyra.
Ella dejó caer la ropa al suelo y, completamente desnuda frente a sus ojos, le mostró sin pudor su entrega. Kael no se resistió. Se despojó de sus prendas con la misma urgencia y