Después de aquel encuentro con Kael, Lyra sintió que sus fuerzas comenzaban a agotarse. Aun así, en secreto, acudió a un médico de una manada vecina. Sin temor, le explicó lo que su cuerpo estaba experimentando. Pero lo que él descubrió, era algo que ni en sus sueños más lejanos habría imaginado.
—Lyra —dijo el médico, tras revisar los resultados—, tu loba está envejecida. Aún le quedan algunos años, pero ya es anciana.
Lyra esbozó una sonrisa melancólica.
—Eso no me sorprende, doctor. Lo sabía