Pablo, regresó a la oficina, estaba complacido, ¿qué le diría Darío a su novia?
Las fotografías hablaban por sí solas.
Una sonrisa asomó en los labios del hombre; ese imbécil debía de marcharse de la ciudad lo antes posible.
Observó a su hermano ingresar a su oficina, se veía muy tranquilo, lo había enviado a llamar, tenía una gran duda clavada en el pecho.
Andrew tomó asiento y miró a su hermano fijamente.
—¿Qué necesitas?
—Cuarto de mis hombres están muertos, eso sucedió anoche.
Andrew