Darío soltó el cuello de la mujer, sabía que no podía confiar en una rata como Patricia, pero qué opción tenía en ese momento.
—Son para protección, últimamente tengo muchos enemigos al acecho, incluyéndote. Iré a buscarlas, puedes venir conmigo o quedarte, como quieras.
La mujer tomó el arma y la colocó en su bolso. Darío la miró con desconfianza.
—Tú, ir a buscarlas, acaso me tomas por imbécil.
—Quiero meterle un tiro a esa mujer en la cabeza y tengo mis motivos, así que no te metas en mis a