El hombre les ordenó a ambas mujeres bajar del auto.
Sofía no puso resistencia y bajó lentamente del coche.
Gabriela hizo lo mismo, estaba aterrada de solo imaginar que asesinarían a Sofía por su culpa.
—La mataré primero a ella, para que puedas observar todo, mi querida Sofía, luego lanzaré su cuerpo al río —señaló el vacío —es una caída de cuatro metros, pero no sentirá nada, no te preocupes por eso.
El hombre tomó a Gabriela del brazo y la obligó a arrodillarse; había empezado a nevar con in