Sacó las llaves de la mansión que en algún momento fue suya, las luces estaban apagadas, ingresó por la puerta trasera para evitar ser visto por los policías que custodiaban el sitio.
Debía de ingresar como un ladrón; era realmente humillante.
—Pablo —escuchó la voz fría de su tío, detrás de él.
Se giró lentamente, podía notar la mirada de asesino en serie de su tío; un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Piensas matarme? —preguntó con algo de nerviosismo.
—No, quiero que lo hagas tú mismo, ba